viernes, 6 de diciembre de 2013

EL LEON Y EL MOSQUITO



Un mosquito se acercó a un león y le dijo:   No te temo, y además, no eres más fuerte que yo.
Si crees lo contrario, demuéstramelo. ?
Que arañas con tus garras y muerdes con tus dientes?
 Eso también lo hace una mujer defendiéndose de un ladrón!
 Yo soy más fuerte que tú, y si quieres, ahora mismo te desafío a combate.

Y haciendo sonar su zumbido, cayo el mosquito sobre el león, picándole repetidamente alrededor de la nariz, donde no tiene pelo. 

El león empezó a arañarse con sus propias garras, hasta que renuncio al combate.
El mosquito victorioso hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría, fue a  enredarse en una tela de araña. 

Al tiempo que era devorado por la araña, se lamentaba de que él, que luchaba contra los más poderosos venciéndolos, fuese a perecer a manos de un insignificante animalito como esa araña.


No importa que tan grandes sean los éxitos en tu vida, cuida siempre que la dicha por haber obtenido uno de ellos, no lo arruine todo.
Siempre que  tengas un éxito no te olvides de ser humilde, recuerda  la humildad es poderosa y debe asociarse   con cosas buenas, y la mejor de todas las cosas es que es capaz de atraer a Dios y hacerlo bajar para habitar  contigo.
  Riquezas, honor y vida son una  recompensa al humilde
ORACIÓN POR LA HUMILDAD

Señor Jesús, manso y humilde.
Desde el polvo me sube y me domina esta sed de que todos me estimen, de que todos me quieran.
Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la humildad, mi Señor manso y humilde de corazón.

No puedo perdonar, el rencor me quema, las críticas me lastiman, los fracasos me hunden, las rivalidades me asustan.

No sé de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad, no ceder, sentirme más que otros... Hago lo que no quiero. Ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad.

Dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y aceptar cuando me corrijan. Dame la gracia de  poder, con tranquilidad, criticarme a mí misma.

La gracia de mantenerme serena en los desprecios, olvidos e indiferencias de otros. Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz, cuando no figuro, no resalto ante los demás, con lo que digo, con lo que hago.

Ayúdame, Señor, a pensar menos en mí y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tu y mis hermanos.

En fin, mi Señor Jesucristo, dame la gracia de ir adquiriendo, poco a poco un corazón manso, humilde, paciente y bueno.


Lic. Eveltsy Torres Meriño – asistente Terapia Psicológica Mercedes Vega

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