viernes, 22 de noviembre de 2013

EL QUE TE HABLA DE LOS DEFECTOS DE LOS DEMÁS, CON LOS DEMÁS HABLARÁ DE LOS TUYOS."


A una mujer que se confesaba frecuentemente de hablar mal de los demás, san Felipe Neri le preguntó:

- ¿Te sucede con frecuencia hablar mal del prójimo?

- Muy a menudo, Padre -responde la penitente.

- Hija, creo que no te das cuenta de lo que haces. Es necesario que hagas penitencia. He aquí lo que harás: mata una gallina y tráemela enseguida, desplumándola por el camino desde tu casa hasta aquí.

La mujer obedeció, y se presentó al santo con la gallina desplumada.

- Ahora -le dijo Felipe-, regresa por el mismo camino que viniste y recoge una por una las plumas de la gallina...

- Pero eso es imposible, padre -rebatió la mujer-, con el viento que hace hoy no podré encontrar más que unas pocas.

- También yo lo sé -concluyó el santo-, pero he querido hacerte comprender que si no puedes recoger las plumas de una gallina, desparramadas por el viento, tampoco puedes recoger todas las calumnias levantadas y dichas de mucha gente, y en perjuicio de tu prójimo.
Es un gran pecado colectivo el hablar de los demás sin ser muchas veces conscientes del daño que podemos causar. Primero si es falso se convierte en calumnia y segundo si es cierto se convierte en difamación. 
 La vida me ha dado dos estupendos ejemplos de personas reales a quienes nunca he escuchado hablar mal de los demás: mi madre y mi hermana de corazón Eveltsy.
En el caso de mi  madre,  ni aún en las peores circunstancias ha caído la vulgaridad de seguir la discordia. Supongo que se lo debe a su noble corazón y a mi abuela, a quien tampoco nunca escuché decir siquiera una mala palabra. En el caso de mi  hermana y amiga, quien también sufrió injusticias  , tampoco le he escuchado sino palabras cargadas de bondad, de belleza, de elegancia y sabiduría…  Quizás además de una buena crianza, se deba a que genuinamente procuro vivir las enseñanzas de los grandes sabios.

Un precepto budista dice “No condenes a ningún hombre en su ausencia; y cuando te veas forzado a censurarlo, hazlo frente a su cara, pero suavemente y con palabras llenas de caridad y compasión. Ya que el corazón humano es como la planta – Kusûli; que abre su cáliz al suave rocío de la mañana, y lo cierra ante un fuerte aguacero”.
Confucio enseña que “Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, indaga en tus propias faltas”; y aún que “un Hombre Superior se acusa a sí mismo, un hombre vulgar acusa a los demás”.
Tal vez , si todos nos esforzamos en practicar el silencio prudente cuando se trate de criticar a los demás, el mundo  empezaríamos a disfrutar mas del lugar donde vivimos.

MERCE


No hay comentarios:

Publicar un comentario